: Una de las metas mundiales al 2030 es que 150 millones más de personas tengan acceso a atención de su salud mental.

SALUD MENTAL Y TRABAJO

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Promover y proteger la salud mental, además de proporcionar cuidados y atención a quienes lo necesitan son parte de las acciones a poner en práctica en todas las esferas, incluyendo la laboral.

Por: Malema De León | [email protected]

Cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) revelan que, a escala mundial, más de mil millones de personas tienen una afección de salud mental, afectación que tiene valor intrínseco e instrumental y es parte integral del bienestar. De allí la necesidad de actuar con” estrategias asequibles, eficaces y viables”.

De acuerdo con este organismo, las afecciones de salud mental comprenden los trastornos mentales y las discapacidades psicosociales, así como otros estados mentales asociados a un alto grado de angustia, discapacidad funcional o riesgo de conducta autolesiva.

Muchas afecciones de salud mental pueden tratarse con eficacia a un costo relativamente bajo; no obstante, señala la OMS, los sistemas de salud siguen teniendo considerables limitaciones de recursos y en todo el mundo se registran importantes brechas terapéuticas. También sustenta que, para ser eficaces, los programas de promoción y prevención requieren colaboración intersectorial. 

Para acelerar la adopción de medidas, en el Informe mundial de la OMS sobre la salud mental: transformar la salud mental para todos se insta a los países a centrarse en tres vías de transformación:

  • Profundizar en el valor que atribuyen a la salud mental las personas, las comunidades y los gobiernos, con el respaldo de una participación significativa e inversión intersectorial;
  • Reconfigurar los entornos – hogares, escuelas, lugar de trabajo y comunidades– para proteger mejor la salud mental y prevenir las afecciones conexas; y
  • Fortalecer la atención de salud mental estableciendo redes comunitarias de servicios y apoyos accesibles, asequibles y de calidad que atiendan todo el espectro de necesidades.

Entorno laboral, estudio en Panamá

En el caso de la salud mental en el trabajo, la OMS señala que es una esfera de interés creciente, la cual puede favorecerse mediante legislación y reglamentación, políticas en el lugar de trabajo, capacitación de gerentes e intervenciones dirigidas a los trabajadores.

Según el estudio “El desafío invisible: salud mental en el trabajo”, de Konzerta y la empresa Combo, el 43% de los talentos en Panamá reporta tener o haber tenido un diagnóstico de salud mental. Entre los diagnósticos mencionados el 25% reporta la ansiedad generalizada; el 11% trastorno de ansiedad social; el 7% TDAH; y otro 7% trastorno depresivo mayor.

Se trata de un estudio exploratorio sobre salud mental y neurodiversidad en personas trabajadoras. La investigación analiza cómo los diagnósticos de salud mental impactan en la experiencia laboral de las personas trabajadoras y tiene como objetivo identificar patrones de exclusión, estigma, burnout y respuestas de apoyo organizacional.

En lo que respecta al acompañamiento por parte de las organizaciones, el 57% de los talentos en Panamá dice que en su organización no tienen políticas que acompañen la salud mental; el 35% dice que no sabe; y tan solo el 8% dice que sí cuenta con este tipo de acompañamiento.

“La salud mental en la oficina es un tema tabú, del cual en la mayoría de las organizaciones no se habla, se elude, se silencia. El 52% de los talentos reporta tener algún diagnóstico de salud mental, sin embargo, solo el 8% reporta trabajar en organizaciones con políticas de acompañamiento para estos diagnósticos. El rol de las organizaciones es clave. Debemos generar espacios en donde se valoren las diferencias y la autenticidad. Es elemental que las personas se sientan libres de ser quienes son realmente y que puedan sumar su perspectiva”, señaló Jeff Alejandro Morales, gerente de Marketing de Konzerta en Jobint.

‘Sin salud mental no hay salud’

Denise Cotes, psiquiatra del cuerpo médico de Hospiten Paitilla, define la salud mental como la capacidad de la persona para desenvolverse de forma funcional en su vida: tomar decisiones, trabajar, mantener relaciones interpersonales armónicas y cuidar de sí misma y de su cuerpo.

Añadió que el estrés, el miedo, la ansiedad y el nerviosismo son emociones de origen interno o externo, que no se clasifican como positivas o negativas; simplemente, se sienten. “Han sido esenciales para la supervivencia, porque advierten peligros y nos alejan de ellos. Dañan cuando se descontrolan y se vuelven tan intensas que resulta difícil manejarlas. A ello se suma la cultura de la inmediatez y la baja tolerancia a la frustración y al malestar”, indicó.

La OMS ha señalado que muchas personas expuestas a factores de riesgo nunca llegan a presentar una afección de salud mental, mientras que otras pueden verse afectadas sin ningún riesgo conocido. “Con todo, la interacción de esos determinantes moldea colectivamente la salud mental a lo largo del tiempo”, de acuerdo con este organismo.

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