Panamá reunió a líderes de bioeconomía para acelerar la cooperación y la articulación regional relacionadas con las nuevas cadenas de valor basadas en biomasa, biodiversidad y biotecnología.
Por: Malema De León | [email protected]
Panamá desarrolla un plan para construir un futuro sostenible, resiliente e inclusivo. En ese desafío, la bioeconomíarepresenta un eje estratégico para transformar la manera de producir, innovar, y generar bienestar. Tal premisa sobresale de la tercera edición “Misión de la Comunidad de Práctica de Bioeconomía”, que reunió a figuras del sector público y privado, así como de organizaciones no gubernamentales, que están liderando procesos de regulación financiamiento e innovación bioeconómica en sus respectivos países.
La tercera edición de este evento de la Comunidad de Práctica deBioeconomía, cuyo objetivo es apoyar la transición hacia modelos de desarrollo más sostenibles, inclusivos y resilientes. fue organizada en Panamá por la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt), la Embajada Británica en Panamá y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), con la colaboración del Ministerio de Relaciones Exteriores y el Ministerio de Ambiente de Panamá.
El secretario nacional de la Senacyt, Eduardo Ortega Barría, expresó en este cónclave Panamá cuenta con un sólido capital natural, científico y tecnológico que puede aprovecharse de manera sostenible para impulsar la bioeconomía, “la cual representa una oportunidad para proteger nuestra naturaleza, reducir los residuos, enfrentar el cambio climático, generar nuevas industrias y empleos de calidad para las próximas generaciones”.
Bajo ese esquema, y mediante la cooperación regional, indicó que se puede construir un futuro donde el crecimiento económico y el cuidado del ambiente “no sean fuerzas opuestas, sino que avancen juntos en beneficio de la sociedad”.
Por su parte, el subdirector general del IICA, Lloyd Day, señaló que las Américas tienen el potencial biológico y las condiciones estructurales para liderar la bioeconomía global, y presentan oportunidades para transformar ese capital natural y científico en crecimiento verde, empleo rural de calidad y mayor competitividad internacional.
En su intervención, el embajador del Reino Unido en Panamá, Greg Houston,destacó que el Reino Unido pone a disposición de Panamá y de la región su experiencia en ecosistema de bioeconomía, financiamiento sostenible y cooperación científica.
La agenda del encuentro incluyó temas relacionado con el potencial bioeconómico de América Latina, los principales desafíos para escalar la bioeconomía, experiencias comparadas entre regiones, inversión de riesgo y bioemprendimiento. Así mismo, los marcos regulatorios e institucionales, el liderazgo latinoamericano en regulación de biotecnologías y bioinsumos,
Del reporte del evento regional se desprende que, para la formulación de la estrategia en Panamá, se ha definido una ruta conformada por cinco fases: Diagnóstico del potencial nacional, desarrollo de una Visión Común, diseño de la Estrategia Nacional de Bioeconomía, diseño e implementación del Plan de Acción, y formulación de Estrategias Sectoriales específicas. Esta iniciativa se encuentra en fases iniciales de diagnóstico y construcción de visión común, con el objetivo de identificar y mapear los actores relevantes, el marco normativo existente y los sectores con mayor potencial de desarrollo bioeconómico.
También se contextualiza la importancia del evento regional efectuado, puesto que “la bioeconomía fortalece las interconexiones entre el uso y manejo sostenible de la biodiversidad y sus componentes; la agricultura sostenible y regenerativa; y las soluciones basadas en la naturaleza”.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) se ha referido al enfoque de la bioeconomía como “la producción, utilización y conservación de recursos biológicos, incluidos los conocimientos, la ciencia, la tecnología y la innovación”. A su criterio, es una gran alternativa para un crecimiento con desacople de emisiones, que contribuya a la diversificación productiva, especialmente en los sectores agrícola y agroindustrial en la región. En especial, el potencial de los recursos de la (agro) biodiversidad, la capacidad para producir biomasa para diversos usos, incluyendo alimentos, y la disponibilidad de desechos agrícolas y agroindustriales.













