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Surgen expectativas en torno al riesgo de pérdida del poder adquisitivo en la región.

AMÉRICA LATINA, DE CARA A EVENTOS DISRUPTIVOS

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En estudio reciente se describen tendencias sociales que trazarán la ruta de Latinoamérica en los próximos años.

Por: Malema De León | [email protected]

En el ámbito mundial, las tendencias sociales se han visto afectadas innumerables veces por factores que no son ajenos a los ciudadanos y que hacen parte de su día a día. La pandemia por el COVID-19, la crisis y recesión económica, además de diversas acciones regulatorias, cambian permanentemente el curso político, social y económico de regiones como América Latina, dibujando un nuevo panorama que debe ser tomado en cuenta por sus habitantes para fortalecer la búsqueda de su bienestar y el de sus familias.

Bajo esta realidad, Suramericana, a través de su Observatorio de Tendencias y Riesgos, analiza el entorno latinoamericano para ofrecer herramientas que permitan conocer tales eventos disruptivos, con el propósito de anticiparse y visibilizar las nuevas oportunidades y riesgos que se puedan presentar en los próximos años. En su último informe Tendencias 2022 para América Latina, la compañía aseguradora identificó los siguientes cinco:

1) Reducción de la clase media y aumento de la pobreza

De acuerdo con datos del Banco Mundial, la pandemia por el COVID-19 llevó, en 2020, a que 4.7 millones de personas, pertenecientes a la clase media en América Latina y el Caribe, pasarán a la vulnerabilidad o a la pobreza. La propagación del virus generó una disminución considerable del poder adquisitivo de los habitantes en los últimos dos años, profundizando desigualdades estructurales que se reflejan en los altos niveles de informalidad y desprotección social.

Según un informe elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la crisis derivada por la pandemia supondrá en Latinoamérica un retroceso de 12 años en términos de pobreza y 20 años en términos de pobreza extrema. De manera complementaria, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) destaca de manera preocupante cómo la recuperación parcial del empleo ha estado liderada por el crecimiento del empleo informal, donde este tipo de ocupación representa el 70% o más de la creación neta de puestos de trabajo en varios países de la región.

Adicionalmente, el consumo interno es uno de los principales determinantes del crecimiento económico y, al verse expuesto a diferentes eventos disruptivos, que se han presentado entre 2020 y 2022, se espera se evidencien retos importantes en cuanto a su dinamismo, principalmente por la disminución del poder adquisitivo en la región.

Para mitigar este fenómeno, de acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), son urgentes políticas que promuevan la formalización de la economía, masifiquen y mejoren la equidad de los sistemas de seguridad social y pensional, generen sostenibilidad financiera de la educación y de la salud y transformen las instituciones para hacerlas más eficientes.

2) Transición hacia una economía verde

Alineados con el Pacto Global de Naciones Unidas y con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), los países latinoamericanos y su sector empresarial vienen acelerando su transición hacia una economía verde y sostenible, enfocada en proteger el medioambiente y las comunidades que lo conforman.

Estudios de la Comisión Global de Economía y Clima indican que una acción climática audaz y efectiva podría generar al menos USD 26 billones en beneficios económicos acumulados hasta 2030.  Datos del BID y de la OIT arrojan que, para 2030, la descarbonización de la economía puede generar 15 millones de empleos netos e impulsar un crecimiento económico de más del 1% anual.

Esta visión sin duda trae retos importantes para el sector empresarial, asociados a la transformación de sus procesos. Las medidas pueden implicar cambios sustanciales en sus estrategias de negocio, pero se convierten en oportunidades para el desarrollo de nuevas tecnologías que contribuyan a la continuidad y sostenibilidad de las empresas. Con esto, la emisión de bonos verdes y la participación en mercados de compensación de carbono incrementarán exponencialmente en los próximos años.

3) Transformación de los intereses geopolíticos

Eventos globales como la pandemia por el COVID -19, el conflicto entre Ucrania y Rusia y, en general, los cambios en las condiciones ambientales, desarrollos tecnológicos y la globalización económica, social, cultural y política, vienen transformado el entorno, propiciando el surgimiento de nuevos activos estratégicos para las naciones, modificando, en consecuencia, el sistema de alianzas internacionales.

Para Juanita Gomez Loaiza, gerente de Modelación de Tendencias y Riesgos Corporativos de Seguros SURA, el crecimiento mundial en movilidad eléctrica y la necesidad constante de información y conectividad “implica una mayor demanda de celulares, tabletas y vehículos eléctricos, cuyas baterías se fabrican con litio, materia prima abundante en América Latina, especialmente en Chile, Argentina y Bolivia (el llamado “triángulo del litio”), así como México”. Según el Instituto Geológico de Estados Unidos se encuentra hasta el 67% de las reservas mundiales de este valioso mineral. La Agencia Internacional de Energía estima que para 2040 la demanda de litio aumentará 42 veces.

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) estima que a raíz de la pandemia por el COVID – 19 las organizaciones se enfocarán más en la continuidad y resiliencia de sus cadenas logísticas, estudiando y acelerando procesos de “reshoring” y “nearshoring”, impulsados también por el aumento de los costos de producción en China, superiores incluso que los de algunos países de América Latina como México. La cercanía con los grandes mercados en Estados Unidos o Europa, a la par de los costos de producción competitivos y personal calificado, hace que la región sea más atractiva para la inversión. Sin embargo, para Gomez Loaiza, “aún quedan importantes brechas en la capacidad de la infraestructura regional que deberán ser abordadas para mejorar la competitividad”.

4) Dilución de fronteras en la era digital

La cuarta revolución industrial, la velocidad del cambio y las nuevas expectativas, llevan a que las empresas se transformen permanentemente y se arriesguen a incursionar en campos que trascienden su actuación tradicional, traspasando las barreras de su sector económico a través del desarrollo de nuevos modelos de negocio.

En América Latina, esta transformación ha sido lenta respecto a otros competidores internacionales, pero se espera se intensifique en los próximos años para mantener la competitividad de la región. Algunos ejemplos que demuestran esta tendencia son la relación creciente entre industrias como: salud y la de alimentos; generación/transmisión de energía con los electrodomésticos y el mundo del deporte con los seguros, entre otros.

Según un reporte de la firma EY, el 57% de las empresas de América Latina ha aumentado sus inversiones en transformación digital. Las industrias que más lo hicieron son: pesca, salud, manufactura, logística y transporte, educación, consumo y retail, banca y seguros y automotriz.

En 2020, a pesar de la disrupción de la pandemia, América Latina fue una de las regiones que más creció en número usuarios de banda ancha y, si se suma el hecho de que en los últimos 2 años la región también ha sido protagonista en las rondas de fondeo de capital para startups con una participación de aproximadamente 40%, es posible concluir que hay todavía mucho potencial en la región.

5) Globalización y sus riesgos asociados

Teniendo en cuenta que, los efectos del comportamiento económico de un país o empresa multinacional, los ataques cibernéticos, los efectos del cambio climático, la desigualdad social y los movimientos de inconformidad, traspasan fronteras, se hace cada vez más relevante entender las señales del entorno internacional.

En esta oportunidad, Gomez Loaiza comparte que, con las disrupciones globales de los últimos años, asociadas principalmente a la pandemia y al conflicto entre Rusia y Ucrania, “se evidencia la interdependencia que continúa habiendo entre países cuando se trata de comercio internacional y las diferentes repercusiones que esto puede tener en otras variables económicas”.

La crisis de cadena de abastecimiento, originada principalmente por la recuperación asimétrica a nivel global, ya venía ocasionando desviaciones en el desempeño económico esperado de la región para 2022. “El fenómeno de presión inflacionaria empezó a ser un común denominador a nivel mundial y en América Latina países como Brasil, Chile, Colombia y México presentaron variaciones anuales de precios por encima de 7% a febrero 2022. Niveles muy por encima de los objetivos de política monetaria de los bancos centrales”, detalló.

Adicionalmente, el conflicto entre Rusia y Ucrania trae consecuencias económicas y financieras que se podrían empezar a reflejar en el deterioro en la percepción de riesgo y una mayor presión inflacionaria que lleve a una posible desaceleración económica por las medidas que haya que tomar para mitigar dicha aceleración.

A pesar de no ser Rusia un actor relevante como socio comercial de la región (según datos de Trade Map a 2020 en general las exportaciones o importaciones representan menos del 2% del valor total de las mismas), los efectos colaterales de la guerra van a generar impactos en las economías regionales, dado que las sanciones a Rusia están teniendo consecuencias en la cotización de precios internacionales de materias primas y en las cadenas de abastecimiento, lo cual se trasladaría en mayor costo de bienes y servicios asociados al sector alimentos y energía.

En este sentido, Suramericana destaca el riesgo de pérdida de poder adquisitivo en la región en los próximos años, lo cual puede transformarse en un aumento de descontento social. Según FocusEconomics y JP Morgan, las expectativas de inflación para el cierre de 2022 han aumentado para algunos países como Chile y Colombia en más de 100 puntos básicos, con respecto a las proyecciones que se tenían en enero.

Otro de los aspectos que destacó Suramericana a tener en cuenta en los próximos años, se encuentra relacionado con los altos flujos migratorios que se presentan en la región, desde aquellos migrantes europeos que buscan una calidad de vida superior y más accesible, hasta los migrantes que, por desconfianza gubernamental y por falta de oportunidades, se movilizan hacia otras naciones latinoamericanas o hacia EE.UU. y Canadá.

Un estudio realizado por la agencia de comunicación Edelman en el Edelman Trust Barometer 2021 reportóuna caída en la confianza que tienen los ciudadanos latinos al accionar de las ONG, empresas, Gobierno y medios de comunicación. Según la investigación, ninguno de los países en estudio, entre ellos México, Argentina, Colombia y Brasil, obtuvo un índice de confianza (con más de 60 puntos) ni registró una mejora frente al 2020.

Paralelamente, dentro del gran descontento social, las empresas son las instituciones con mayor confianza entre los latinoamericanos, según se desprende del informe que presenta éstas y otras incidencias en la región.

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